Violencia, contenidos sexuales explícitos, desnudos… son, junto a las vulneraciones de los derechos (económicos) de autor, los argumentos usuales para censurar contenidos en Internet.
La libertad de expresión de las herramientas 2.0 tiene sus límites en criterios tan relativos como estos, como bien señalaba esta semana el bloguero y activista iraquí Raed Jarrar en el encuentro Internet y las revoluciones del siglo XII, que comentaba ayer en este blog.
¿Qué es desnudo? La definición no es compartida por los pueblos originarios del Pacífico Sur, Occidente o los países árabes. Un bikini puede resultar un exceso de ropa, un atuendo correcto para ir a la playa o una prenda ofensiva, en virtud del lugar y la cultura de que se trate.
Sin embargo, parece haber consenso entre las plataformas más populares en Internet: la pluralidad de visiones se resuelva asumiendo la occidental, más concretamente la estadounidense. Y YouTube es un buen ejemplo de ello.
Veámos el caso del doctor Chris Steele. Este doctor británico tiene un popular programa de televisión de divulgación médica y ha colgado en la Red varios videos explicativos sobre cómo auto-explorarse para detectar un posible cáncer de mama o de testículos. YouTube los califica para mayores de 18 años (calificación que por otra parte fácilmente puede saltarse si no tienes esa edad, creando un perfil con un año de nacimiento falso).
Otras consideraciones merece la censura de la violencia. YouTube suprimió en 2007 el canal del periodista egipcio Wael Abbas y Yahoo inutilizó su cuenta de correo electrónico. Sí, publicaba videos violentos; recopilaba imágenes que prueban los abusos de la Policía de su país. Gracias a las protestas en la Red, su canal y mail fueron restablecidos, y posteriormente también varios de sus videos (aunque no todos), según contaba él mismo en su propio blog.
La lista de críticas a esta plataforma, propiedad de Google, es larga.
Y hace menos de un mes, Flickr cerraba la cuenta de otro periodista egipcio, que había publicado fotos de miembros de la Policía secreta, según el mismo relata en el foro de esta plataforma de almacenamiento de fotografías.

El hecho de que la persona usuaria no tenga plena libertad para decidir qué contenidos publicar, motivó el nacimiento de The Hub, una plataforma para la subida y difusión de videos para la defensa de los Derechos Humanos, creada por la organización Witness.
Dos años después de su nacimiento, en diciembre de 2009, el proyecto cerró. Se mantiene un archivo de videos, pero ya no es posible añadir nuevas grabaciones o comentarlas. Matisse Bustos: responsable de Comunicación de Witness, explicaba esta semana en La Casa Encendida que la energía y los recursos necesarios para mantener la idea eran demasiado elevados, y que es imposible hacerle la competencia a YouTube.
O potenciamos el uso herramientas alternativas para difundir videos, o nos tendremos que conformar con subir sólo grabaciones de niños balbucenado, que tanto gustan a los medios de comunicación tradicionales.