Tiranías 2.0
Acudí esta semana a la mesa de debate Internet y las revoluciones del siglo XXI organizada por La Casa Encendida de Madrid. Lo que creí que iba a ser una alabanza de las nuevas tecnologías y su benéfica influencia en los movimientos sociales, resultó ser una mirada amarga al control y poder que ejercen los Estados en la Red, especialmente durante la intervención de Raed Jarrar, arquitecto y analista político iraquí, uno de los primeros blogueros en Oriente Próximo (su blog se llama Raed in the Middle ).
Su intervención me hizo replantearme algunas ideas.
Jarrar se preguntó a quién son leales las empresas 2.0, si a los Estados o a la ciudadanía. Redes sociales virtuales, blogs, plataformas de difusión de contenidos multimedia, permiten que cualquier persona crea y difunda información, en lo que podría ser una prueba del empoderamiento de la sociedad en el debate público y político gracias a las nuevas tecnologías de la información.
El bloguero iraquí recordaba el ejemplo de Twitter durante las protestas en Irán tras las elecciones de 2009. La empresa reprogramó las labores de mantenimiento para no interrumpir el servicio y favorecer la comunicación entre quienes organizaban y convocaban a la protesta. Pero también comentó la desaparición en Facebook de la página Third Palestinian Intifada, Tercera Intifada Palestina, que no violaba ninguno de los términos de uso (ahora sí parece estar operativa de nuevo, quizás por el debate suscitado).
Señalaba así la aparente contradicción entre una empresa 2.0 que colaboraba con la ciudadanía de un país y una segunda que impedía que activistas de otra nación se expresaran. Resolvía la paradoja señalando que en el caso de Twitter, si indagamos un poco más, se comprueba que el retraso en la actualización del sistema se debió a la solicitud del Gobierno de EE UU, interesado en un levantamiento ciudadano en un país como Irán (y en el silencio de las protestas contra Israel, podríamos añadir).
Las revoluciones que están viviendo en los países árabes, impulsadas por las redes sociales virtuales, según proclaman los medios de comunicación tradicionales, están poniendo nerviosos a algunos regímenes, pero van aprendiendo cómo hacerle frente. Hosni Mubarak logró silenciar la Red, aunque de poco le sirvió; Muamar el Gadafi parece que sigue el modelo: según Google, desde el pasado 3 de marzo, apenas ha habido ningún acceso a ninguna de sus herramientas (YouTube, Blogger…) desde Libia. Al menos es lo que dice la empresa.
Los tiranos no sólo pueden eliminar de un click todo el activismo en la Red, también pueden utilizarla como espacio de opresión. Muchas personas que participaron en las protestas de Irán, informaron al mundo de los que estaba sucediendo en el país a través de videos, fotos y textos colgados en Internet. Pues bien, el Gobierno iraní ha recopilado las imágenes y ahora ofrece una recompensa a quien identifique a las personas que en ellas aparecen.
Ciudadanía y Estados no parten de una situación de igualdad en Internet, por mucho que se empeñe el mito en hablarnos de una red horizontal, no jerárquica, descentralizada… La realidad sigue estando ahí fuera, y manda quien manda, y su poder se hace sentir hasta en el ciberespacio.
Mañana comentaré otras de las ideas que escuché en el debate.


